BCNegra 2017

Connolly nos visitó el pasado viernes, Indridason y Lehane llegan también con el frío a BCNegra. Para caldear el ambiente, proponemos un programa alternativo. Nos gustaría que estuvieran también los ausentes, los que ya no están, los que no vendrán y los que deseamos conocer.

Nuestro festival negrocriminal abriría con una mesa redonda muy concurrida. Jussi Adler-Olsen y su Departamento Q y Sophie Henaff y la brigada de Anne Capestan, al completo, debatirían sobre cómo hacer oficinas más cálidas. Improvisarían rehabilitaciones desesperadas sin perder el ánimo ante los recortes de presupuestos y los Recursos Inhumanos. Como moderador, “en persona, personalmente”, Agatino Catarella, el asistente de Paco Camarasa en la sombra y en la contabilidad extracontable, para organizar las agendas de tan ilustres invitados.

Catarella invitaría a Barcelona a la familia Malaussène en toda su extensión (incluidos los vejetes del barrio de Belleville) y a cargo del Ayuntamiento, claro. Ante la plena ocupación de hoteles en la ciudad, Benjamin y los suyos se instalarían, motu propio y sin autorización alguna, en el Ateneu Barcelonès hasta el 4 de febrero. Seguro que Márkaris se apuntaría a la fiesta. Pediría pasajes extra para Kostas Jaritos y su amigo Lambros. Saben mucho de crisis y son imprescindibles para organizar a refugiados, pensionistas y ancianos en apuros. El comisario Méndez llegaría tarde, pero llegaría. Cruzaría La Rambla arrastrando libros y pies para instalarse en la barra del bar, a modo de vacaciones pagadas por el Imserso. Tampoco les faltaría el apoyo callado de Milo Malart, desde lejos, en la distancia y sin invitación. No sabemos qué dirían Danny Coughlin y sus compañeros de Boston, pero seguro que los mandamases de los Mossos se mantendrían más que ocupados con la clase magistral.

Para encargarse de la intendencia, Catarella pediría permiso a Montalbano para llevarse a Adelina. Extendería la invitación a los selectos cocineros que llenan los estómagos de nuestros ilustres detectives y alimentan nuestra gula. Autores anónimos de sospechosas albóndigas, butifarras con secas, hamburguesas, cocina de batalla acompañada de cañas bien tiradas y rones añejos. Como ya no tenemos a Biscuter, en lugar de resucitarlo, proponemos a Planeta y a los herederos de Vázquez Montaban, que piensen en algún aspirante a Master Chef en ciernes, de aquellos que aún consideran el mercado su templo. Le podrían dar bula y un bono para comprar productos frescos en la Boqueria. Daría más juego que “El león come gamba”, tendríamos a la tribu contenta y un bestseller por Sant Jordi. Tres al precio de uno.

Con los estómagos llenos, ya se podrían encarar las tardes de otra manera. Algunos dejarían colgados a los ponentes de BCNegra para irse tomar café al bistrot de Olivier y Gabri en Three Pines al calor de la chimenea y los poemas surrealistas de Ruth Zardo. Los aficionados a las teleseries, verían “Narcos” en sus tabletas. Nosotras preferimos leer las historias de Adán Barrera o América de Ellroy, en papel y a sangre fría. A los reflexivos, les proponemos un paseo con Adamberg, Brunetti, Montalbano o Gamache, a elegir. Serían lentos y parsimoniosos y no habría límites. Podrían caminar hasta encontrar la nube perfecta, la piedra para sentar sus posaderas, el callejón adecuado o un camino en el bosque para detenerse y descansar. Tranquilos, Catarella estaría pendiente de vuestras llamadas. Retancourt y la Señorita Electra os cubrirían. No tenemos ninguna prisa en volver a Toronto. Para los que gustan de rutinas, un carajillo bien cargado en cualquier bar de los de siempre, descubrirlo quizá sea la aventura, un paseo por La Rambla o un viaje en transporte público, como La chica del tren. En invierno no sufrirán tanto el agobio de los turistas, sólo los retrasos de Cercanías. En casos así, nunca sabes cómo acabará la historia.

Para terminar el día bien arropado, lo mejor es seguir con un buen libro y mucha Sangre en los estantes. Historias de ángeles caídos en Maine, de rituales iniciáticos en la Isla de Lewis y Harris o aventuras en el archipiélago de las islas Charlotte, de huidas a México, de paseos por los bosques de Mongolia y el casco viejo de Vitoria, de reflexiones regadas con alcohol y un poco de jazz en Oslo o Vigo, de partidos de fútbol del London City, de cruceros por el Mediterráneo o deambulares por esa Barcelona desaparecida, que sólo existe en la literatura. Para sueños, novelas. Al despertar y afrontar una nueva jornada, mejor no mirarse al espejo y darse un baño de agua fría en la playa de La Barceloneta, de Vigatà, en las calas de Il Carso o en las aguas heladas del Báltico. Ya sabéis, por aquello de la crisis energética. Aquí seguimos, imaginando al menos.

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